miércoles, marzo 03, 2010

Una Noche

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Iluminada de música, aquella noche,

Dios y nuestra conciencia de testigos,

Sin más jueces, verdugos, ni inquisidores,

Nos abandonamos en un paraíso de flores.

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Enfrentados en hostil y cruel batalla,

Nuestros corazones y las razones.

Entregados en besos, sin temor, ni pudor,

Emanaron caricias redundantes de calor.

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Prorrumpieron suspiros, profundos, excitantes,

Al cubrirnos la piel de caricias delirantes.

Susurros al oído, insinuantes, sugestivos,

En tiempo detenido, quedamos del amor cautivos.

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Palmo a palmo, recorrí y observé su ser,

Ella con sus ojos cerrados, mi alma pudo conocer.

Y en medio de una embriaguez de pasión y placer,

Como esperando la muerte, con un último respiro,

En frenesí éxtasis, nuestras vidas dejamos renacer.

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Una noche de dos cuerpos, un solo espíritu,

Una noche cálida, de minutos infinitos,

Dejó clarear la alborada única, perfecta,

Dejando vencedor el amor, sobre la razón.

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Jonathan Camilo Díaz Vanegas

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"Donde quieras que estés, te gustará saber, que por difícil q sea mi día, triste, no echaré al olvido ni uno solo de los besos que me diste." Serrat